sábado, 26 de enero de 2008

Escapando de todos mis miedos y mis problemas


Decidí ir a refugiarme lejos de aquí,

Buscando respuestas a mis preguntas y paz para mi corazón.

Convencí a mi alma para que se apartara de mi cuerpo

Y comprendiera la belleza que la rodea.

Busqué en los horizontes la imagen divina

Que me devolviera la alegría.

Me fui a bucear en los confines

De un territorio que me es tan desconocido

Como el rumbo que lleva mi vida.

Llené de lágrimas mis ojos

Al contemplar la hermosura de la locura.

Colmé de gozo a mis oídos

Cuando descubrí que lo único que podía

Escuchar en tan recóndito terreno

Era simplemente el hermoso silencio.

Mi boca probó sabores que jamás

Había saboreado.

Mi mente se deslumbró al reconocer

En aquella lejana ciudad donde vivía

La más horrenda y peligrosa de todas las junglas.

Volví a mi naturaleza y me hice amigo

De la Madre Tierra.

Ella es ahora la que vela por mi vida,

Es la que me abre paso dentro suyo,

Para darme cobijo.

Siento y me hace sentir

Que volví a ser su hijo.

Día tras día descubro a Dios a mi alrededor

En los paisajes, en las personas que conozco a cada momento.

Todo es muy distinto aquí que allí en la jungla.

No sobrevive el mas fuerte,

Sino que se ayuda al mas débil.

En la enormidad del paraíso que observo

Redescubro la gracia de la vida.

En la serenidad que ahora siento

Mi corazón me abandona y vuela libre como el viento.

La cárcel de cemento quedo atrás

Y con ella toda mi vida, toda mi familia,

Todos mis amigos y toda mi alegría.

Pero en estas tierras vírgenes

Donde todavía no logró llegar la crueldad

Y la maldad del hombre

Pude encontrar tranquilidad.

Llegué a conocer la bondad

Cada vez que el sol irrumpe en escena

Mi corazón galopa de felicidad.

Mi cuerpo se estremece y en

Mi rostro se dibuja una sonrisa.

He hallado mi paz,

Y puedo afirmar que

He encontrado mi lugar.

Aquí podré junto con mi mente madurar

Y un día en el cielo junto con Dios

Podré volver a volar.

Juan pablo Martínez

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