Decidí ir a refugiarme lejos de aquí,
Buscando respuestas a mis preguntas y paz para mi corazón.
Convencí a mi alma para que se apartara de mi cuerpo
Y comprendiera la belleza que la rodea.
Busqué en los horizontes la imagen divina
Que me devolviera la alegría.
Me fui a bucear en los confines
De un territorio que me es tan desconocido
Como el rumbo que lleva mi vida.
Llené de lágrimas mis ojos
Al contemplar la hermosura de la locura.
Colmé de gozo a mis oídos
Cuando descubrí que lo único que podía
Escuchar en tan recóndito terreno
Era simplemente el hermoso silencio.
Mi boca probó sabores que jamás
Había saboreado.
Mi mente se deslumbró al reconocer
En aquella lejana ciudad donde vivía
La más horrenda y peligrosa de todas las junglas.
Volví a mi naturaleza y me hice amigo
De la Madre Tierra.
Ella es ahora la que vela por mi vida,
Es la que me abre paso dentro suyo,
Para darme cobijo.
Siento y me hace sentir
Que volví a ser su hijo.
Día tras día descubro a Dios a mi alrededor
En los paisajes, en las personas que conozco a cada momento.
Todo es muy distinto aquí que allí en la jungla.
No sobrevive el mas fuerte,
Sino que se ayuda al mas débil.
En la enormidad del paraíso que observo
Redescubro la gracia de la vida.
En la serenidad que ahora siento
Mi corazón me abandona y vuela libre como el viento.
La cárcel de cemento quedo atrás
Y con ella toda mi vida, toda mi familia,
Todos mis amigos y toda mi alegría.
Pero en estas tierras vírgenes
Donde todavía no logró llegar la crueldad
Y la maldad del hombre
Pude encontrar tranquilidad.
Llegué a conocer la bondad
Cada vez que el sol irrumpe en escena
Mi corazón galopa de felicidad.
Mi cuerpo se estremece y en
Mi rostro se dibuja una sonrisa.
He hallado mi paz,
Y puedo afirmar que
He encontrado mi lugar.
Aquí podré junto con mi mente madurar
Y un día en el cielo junto con Dios
Podré volver a volar.
Juan pablo Martínez
0/042/11
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